ben wheatley

Un grupo de hombres huye de los peligros de una guerra civil y son secuestrados por un par de buscadores de tesoros quienes utilizan herramientas “poco tradicionales” para manipularlos.

Dirigida por: Ben Wheatley.

Protagonizada por: Michael Smiley, Reece Shearsmith, Julian Barratt, Peter Ferdinando, Richard Glover, Ryan Pope.

País: Reino Unido.

Género: Thriller.

Duración: 91 minutos.

A Field in England tiene un mensaje inicial que indica que la película contiene efectos estroboscópicos que pueden resultar perturbadores para algunos espectadores. Generalmente hago caso omiso a este tipo de advertencias porque considero que lo he visto todo. Esta vez no fue la excepción. Sin embargo, cuando llega el momento en el que dichos efectos aparecen en pantalla, me sentí incómodo, y solo quería que la pesadilla terminara. Sí, lo he visto todo. Pero A Field in England es un filme que no puede entrar de ninguna manera en ese “todo”. No es un intento en un género. Es un experimento bien hecho sobre como el realismo de una situación puede ser transformado por la actitud artística de un cineasta.

La película es una fábula tan tangible que juega entre las posibilidades históricas y el testimonio innegablemente subjetivo de algunos que se atrevieron a experimentar cientos de años atrás. Cuenta la historia de dos hombres que secuestran a otros tres durante la época más violenta de una guerra civil. Para poder dominar a las víctimas, los hombres utilizan hongos alucinógenos. Esto genera incertidumbre entre el grupo. Pero el objetivo final es buscar un tesoro en el medio de la nada. En medio de drogas, violencia, y la naturaleza primitiva del humano, Ben Wheatley realiza un filme tan salvaje y mediático que puedo admitir que es uno de las pocas películas que me han dado ganas de detenerla y descansar un poco antes de terminarla de ver.

Wheatley es, sin duda alguna, un director de cine diferente. Es un visionario de otras cosas que siempre estuvieron ahí, presentes y tangible, y sin embargo, nadie se atrevió a explorar. Pero con A Field in England, Wheatley toma la arriesgada decisión de experimentar con dos temas nada contemporáneos y que sin embargo la lesa humanidad del hombre une. Y es que Wheatley utiliza la pseudo graciosa presencia de drogas en un filme ambientado hace cientos de años. Con esto, el director nos transporta obligatoriamente al momento. Nos hace vivir lo que esos hombres vivieron. Y todo lo hace mediante el uso de lo que visualmente es probable que ocurra cuando se alucina. Esto no es habitual para un filme en blanco y negro. La unión de estos dos factores obvios es lo que hace de la película un verdadero “viaje”.

La falta de tecnología, el exceso de lo primitivo, y la necesidad avanzar, es lo que lleva a estos hombres a utilizar algo desconocido para ganar poder sobre otros. Decir que la evolución de los personajes es interesante es decir poco. Es magnífico el lente casi teatral de Wheatley para filmar. De hecho, en ocasiones coloca a los personajes en posiciones estáticas para darnos un leve sabor de lo que está a punto de pasar. Comparable con las primeras líneas del capítulo de un libro. No sabemos que esperar de lo que viene, y sin embargo, el director crea la sensación. Wheatley es un cuenta cuentos inmerso en sadismo emocional que no tiene escrúpulos.

A Field in England es una película muy difícil de ver y absorber por completo, pero no por eso deja de ser buena. El director nos presenta una pequeña historia sobre la exploración, sobre los terrenos desconocidos. El arte se convierte en un arma letal con Wheatley, y acá es un cuchillo que se nos introduce lentamente y nos da un vistazo a lo más oscuro de nuestro dominio humano.

Calificación: ***1/2

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