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Crónica realista sobre la estrategia publicitaria de opositores chilenos en el plebiscito contra Augusto Pinochet.

Dirigida por: Pablo Larraín.

Protagonizada por: Gael García Bernal, Alfredo Castro, Luis Gnecco, Antonia Zegers, Marcial Tagle, Néstor Cantillana, Jaime Vadell, Sergio Hernández.

País: Chile, Francia, Estados Unidos.

Género: Drama.

Duración: 118 minutos.

El poder de una buena publicidad.

Estas son palabras que son cruciales para vender un producto. Pero es una realidad que de ese producto puede haber cientos de versiones. Entonces ¿Cuál gana? ¿El mejor? Mi creencia es que no siempre. Para mí, el poder de saber vender es algo que no todo el mundo tiene, pero sí es necesario si necesitas ganar.

Los chilenos en el año 1988 venían arrastrando años de dictadura de Augusto Pinochet. Por insistencia de muchos, se quiso hacer un plebiscito en el que se decidía si Pinochet seguía en el poder o no. Si ganaba la campaña por el “Sí” se le otorgaría a Pinochet otro período presidencial de 8 años. La campaña por el “No” abogaba la salida del dictador. La película No, trata sobre la estrategia de los opositores por vender ese producto del “No” que tanto se necesitaba y en la que no todo el mundo creía, ni siquiera los opositores.

La película, como su mismo director Pablo Larraín indica, no es un retrato de documental como se percibió sino un retrato artístico de una época que los chilenos tuvieron que vivir para poder entender que no siempre uno debe creer en lo que la corriente normal cree. La campaña del “No” se basó en un estilo diferente. Ese optimismo, la creencia de un mundo mejor, y la aceptación de que la transculturización mueve al mundo, es lo que utilizaron todos para poder prender ese motor que nunca apagó.

Como venezolano que vivió bajo un gobierno autócrata por muchos años (y todavía de cierta manera lo vive), es imposible poder ver esta película y analizar con un ojo crítico hacia la cinematografía. Mi interés apunta hacia lo que ocurre en la historia y hacia cómo el desenlace puede afectarme. No puedo describir lo que sentí al ver el tercer acto magnífico de No, un filme que es esencial para los que vivimos en un síndrome latinoamericano de mentiras. Pero no porque esto nos ayude a salir de un régimen. No es todo menos una guía. Se trata de una crónica de un hombre que se atrevió a pensar diferente y así ayudó a miles a salir de algo. Este pensamiento diferente representa inteligencia. Esa inteligencia que necesitamos al enfrentarnos a enemigos internos y externos. Esa lucha quizás pueda terminar en triunfo. Pero lo interesante es que No nunca promueve una lucha personal. Siempre imprime la reflexión como algo necesario para poder salir adelante, hecho que se destaca en su última escena, la cual es clave para entender la realidad de la historia.

La película está apoyada en un 100% en un polo dramático extraordinario interpretado por Gael García Bernal, quien reniega toda posibilidad de parecer un símbolo y simplemente vive el rol con el cual claramente se identifica. Entendemos a este hombre pensativo y emocional que simplemente debe convencer a todos de que la diferencia aplica, mientras en su casa se vive la tensión típica de un hogar destruido y la relación con un hijo que no entiende la situación y sin embargo debe vivirla junto a su padre que no sabe cómo explicarle lo que está pasando.

Larraín filma en digital (¾ pulgadas Sony U-matic) y nos transporta a la época. Esta decisión de filmar en un formato poco convencional pero común en las pantallas televisivas de los años 80 es crucial para que entendamos lo primitivo para nosotros pero innovador para ellos. Y sirve para hacernos entender finalmente que con poco se logra mucho, si tan solo imprimes creatividad al momento.

Una obra maestra que nadie debe dejar de ver. Aunque no seas latinoamericano. Creo que el poder de una propuesta como esta, así como su historia, trasciende cualquier nacionalidad. Es una película sobre la emoción unida a la inteligencia. Sobre las ganas de salir adelante y pensar diferente. Es algo que todo ser humano necesita.

Calificación: ****

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