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Una propuesta sobre la reacción de padres que pierden a sus hijos en circunstancias inusuales.

Dirigida por: Zack Parker.

Protagonizada por: Alexia Rasmussen, Joe Swanberg, Alexa Havins, Kristina Klebe, Erica Stikeleather, Jim Dougherty, Erika Hoveland, Brittany Wagner, Faust Checho, Kitsie Duncan, Mark A. Nash, Jason Dixie, Bruce Spielbauer, Shayla Hardy, Adam Stephenson.

País: Estados Unidos.

Género: Horror.

Duración: 120 minutos.

Existen temas que son difíciles de abordar en el cine. Esto es una realidad que ha ido evolucionando en diferentes velocidades, siempre respetando el ritmo de la censura. Parece mentira que en una industria supuestamente libre haya un tabú con algunos temas y con otros haya una aceptación casi religiosa. La violencia es un ingrediente típico y el sexo te genera la peor censura. Pero esto no es una crítica al sistema de censura, y tampoco a la industria inmadura que Hollywood parece ser. Esto es una crítica a una película que contiene un tema complejo y lo resuelve de una forma no habitual. Proxy debería haber sido una mejor película, considerando la madurez que supone y la seriedad del combustible que la alimenta. Pero sería una mentira decir que es mala.

Proxy es un intento interesante que si bien no resuelve su conflicto principal porque simplemente no se puede resolver, resulta una oportunidad de ver un tema poco habitual plasmado de forma correcta. Con esto era suficiente para mí.

La película empieza mostrándonos a una chica embarazada que sufre un ataque y pierde a su bebé. Esto la mete en un torbellino circunstancial que la lleva a sufrir una confusión emocional. Básicamente conoce a otra chica que parece sufrir de un síndrome llamado “Síndrome de Münchausen por poder” o “Münchausen by Proxy”. La confusión, la promesa de un amor, y el descubrimiento de un nuevo sentimiento la lleva a cometer algo horrible. No diré que transcurre desde acá. Pero la película presenta un giro indiscutiblemente brillante. Brillante y extraño. La relación indirecta entre el tema principal y los hechos de la película, la aparición de personajes que se hacen más fuertes en un segundo acto agresivo, y la extrema seguridad de un director, son los factores que determinan a Proxy como una película extraña y poco trascendental pero que no deja de llamar la atención del amante de los géneros raros.

Lo independiente en este caso no es el factor que determina la calidad de una película aceptable. Lamentablemente Proxy no se aleja del compendio de reglas que el cine independiente de género siempre presupone en todas sus producciones. Es justo en esas ocasiones cuando perdemos interés, solamente regenerado por los momentos inesperados del guión, el tratamiento surreal de la situación, lo artístico de lo terrible, y la etiqueta indeleble de un cine que no es de la gran industria, sino que viene de las manos de un cineasta que se muestra capaz de hacer algo diferente y con buen gusto.

No podría decir que Proxy es una película que gustará a todo el mundo. De hecho, no es una película que gusta instantáneamente; días después es cuando se aprecia lo valioso de la propuesta. Pero quien decida dar la oportunidad a este tipo de películas, se podría llevar una sorpresa. Yo me la llevé. Es bien amarga pero sigue siendo una sorpresa en tiempos en los que la industria se limita mucho en mostrar temas como este. Dañar a chicos para generar atención es una realidad que nadie puede negar. Proxy permite el análisis de la situación de una forma sutil y alejada del “exploitation” típico de las películas violentas. Pero también nos permite el vistazo necesario hacia lo absurdo de una enfermedad que no podríamos entender nunca  aunque tuviéramos toda la información en nuestras manos.

Calificación: ***

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