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En un futuro distópico, existe una fascinación masiva por resolver un acertijo virtual creado por un multimillonario fanático de los 80, y el adolescente Wade Watts es el jugador perfecto.

Autor: Ernest Cline.

País: Estados Unidos.

Cuando estoy en el proceso de decidir cuál es el próximo libro que voy a leer, siempre me tomo un tiempo considerable para evaluar ciertos aspectos. La ciencia ficción no es un género que suelo elegir porque suelo comparar mucho con las raíces del género y casi nunca hay buenos resultados. Ready Player One es uno de esos libros que empiezo a leer por las razones equivocadas (me enteré de su inminente adaptación al cine) y termina siendo una excelente cachetada que te hace cambiar de opinión sobre el género. Solo digamos que este es un libro que se lee en horas, y no puedo decir eso de muchos que leído.

El resumen será sumamente corto: Wade Watts es un adolescente que pasa la mayoría del día conectado al OASIS. Un ambiente virtual en donde estudia, tiene amigos, compra cosas, etc. En este ambiente, está un “easter egg” escondido por su diseñador, quien prometió una fortuna a quien lo encontrara. Watts pasa todo el día buscándolo. Cuando encuentra la primera pista, se desencadena la búsqueda virtual más importante de la historia.

Ready Player One es la novela con la que debuta Ernest Cline. El autor diseña una historia perfectamente adaptable al futuro incierto que nos depara. Lo interesante es que esta no es una novela que pretende utilizar la posible tecnología futurística para fundamentar su historia. No está llena de interminables párrafos que justifican la presencia de elementos que forman la historia. Cline cuenta un cuento dentro de un ambiente pensado pero no explicado y sí, a veces esto es lo mejor. Hay muchas cosas que estoy seguro que aparecen en esta sociedad del 2044 y no llegamos a saber mucho de ellas. El desconocimiento ayuda a nuestra imaginación a resolver la posibilidad de que esto exista. Cline no va a lo absurdo y se mantiene entre los límites de lo fantástico para contar una historia muy bien “ubicada” en su carácter humano.

No soy fanático de los video juegos y tengo toda la pinta de serlo. Es un “arte” y práctica que nunca supe apreciar y tampoco me dan muchas ganas. Pero Ready Player One es una pieza literaria que te lleva a eso. Con la emoción que su historia conlleva te dan ganas de ser parte de esa comunidad poco entendida que pasa horas frente a la pantalla tratando resolver acertijos de diferentes contextos. Sus personajes están prácticamente “virtualizados” en el ambiente donde se ubican. Cumplen un objetivo que en otra obra podría deshumanizarlos. Pero acá no ocurre. Cline utiliza la motivación primitiva de un adolescente en un mundo utópico para poder lograr que nos identifiquemos con él. No muchas novelas logran esto con tanta facilidad.

Si bien se trata de un género de ficción, Cline lleva mucho de sí mismo al personaje (la personalidad del autor es un espectáculo). En su debut como escritor, Cline nunca desea hacer más de lo que puede y nunca “adorna” para parecer un experto. Ready Player One se lee fácilmente pero no por su simpleza, sino por la excelente construcción de su historia. Cline es un autor inteligente que tiene muchísimo más para dar. Esperemos que su próxima obra sea tan emocionante como Ready Player One, un clásico moderno de la ciencia ficción que no tiene nada que envidiarle a los trabajos de otros debutantes que ayudaron a conformar el género hace mucho tiempo.

Mi fascinación por Ready Player One fue automática. Había pasado mucho tiempo sin que tuviera una experiencia tan particular por un libro. Y por más objetivo que deba ser con mis reseñas, hay algo muy personal en mi apreciación por este libro. Ernest Cline era un “don nadie” que un día decidió escribir una novela utilizando los recursos de un arte que apreciaba. No siento envidia por el trabajo. Siento gran admiración por ese logro que demuestra que algunos podemos hacer lo que realmente queremos si tan solo lo intentamos.

Esto es uno que nadie, sea fanáticos de los videojuegos o no, debe perderse.

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