Dirigida por: Stevan Mena.

Protagonizada por: Michael Biehn, Alexandra Daddario, John Savage, Nolan Gerard Funk, Spencer List, Peyton List.

Año: 2011.

País: United States.

Duración: 107 minutos.

Para hacer una película de terror hay que estar consciente de que hay dos corrientes posibles: o se hace una película para las masas o se hace una película para uno mismo. El primer caso es ya casi la costumbre. Siempre vamos al cine y vemos más de lo mismo. Pero el segundo caso esconde siempre la posibilidad de toparse con una verdadera joya, porque las hay. Pero es arriesgado el movimiento. Stevan Mena debió haberlo sabido antes de aventurarse con Bereavement, la supuesta precuela a Malevolence, la cual no he tenido chance de ver. Pero ya ni quiero. Con Bereavement tuve suficiente como para saber que la historia no me interesa en lo absoluto. Y ojo soy una persona que aprecia lo osado en el cine. Me gusta el hecho de que esta vez hay niños de por medio y es algo novedoso. Pero del resto Bereavement nunca entregó la verdadera magia que tanto prometía.

La película va sobre un asesino en serie demente que tiene secuestrado un niño el cual no siente dolor alguno. El niño no es una víctima. Es un acompañante y hay cierta misión para el mismo pero nunca la conocemos. De una vez confirmo que las sospechas que tendrán durante todo el filme, se harán realidad. Paralelo a esto, hay una chica que se ha ido de Chicago a un pueblo a vivir con su tío, quien es el vecino del asesino. La chica sale a trotar un día y se da cuenta de que algo no anda bien y bueno las cosas que tienen que ocurrir, ocurren. Si. Es así de aburrida. A ver, ¿es tan difícil indagar que el niño no será bueno al final? ¿O es que en realidad el director esperaba que el espectadora viera otra cosa? Lamentablemente para este tipo de películas siempre tengo una luz de esperanza pero cada día es más tenue y tiene menos fortaleza.

Bereavement no es nutrida por una trama coherente. Nunca hay un gran twist. Nunca hay emoción. Siempre intentamos averiguar por qué pasa lo que pasa. Al final no averiguamos las razones sino las consecuencias. Predecibles hasta cierto punto y con un buen toque de violencia, el desenlace no es tan mediocre como podría ser, pero igual no salva a la atrocidad de guión que Mena también escribe. Hay miles de oportunidades para explotar la maldad que todos llevamos por dentro y de alguna manera demostrar que esto ha sido el gatillo para las acciones. Pero el director supone que lo sabemos y aquí nos quedamos boquiabiertos por la falta de explicación que tiene la violencia excesiva, las tomas a un esqueleto de toro, y las referencias interminables a la demencia del asesino. Es algo que simplemente no entendí de la película.

El único valor que puedo reconocer es que el director usa la cámara con valentía. Planos largos que son impresionantes se hacen presentes en una película que no los debería tener. Toda película de terror debería ser claustrofóbica y en este caso no lo es. En algún momento llegamos a pensar que hay otra historia detrás de todo el desastre. Pero al parecer no. Toda la construcción dramática se cae rápidamente cuando todo el mundo fallece y quien sobrevive siempre ha sido un personaje unidimensional.

No pierdan su tiempo. Las películas de slasher se caracterizan por tener villanos implacables que tienen razón de ser: su misma maldad les hace ser únicos. En este caso, todo es circunstancial y muy poco profundo como para apreciarlo. Una gran falla del cine independiente de terror.

Kudos a Alexandra Daddario. She’s a babe, schwing!

Calificación: *

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