Dirigida por: Patrick Hughes.

Protagonizada por: Ryan Kwanten, Steve Bisley, Tom E. Lewis, Claire van der Boom, Christopher Davis, Kevin Harrington.

Año: 2010.

País: Australia.

Duración: 95 minutos.

Desde que Red Hill abre los créditos sabemos que estamos a punto de ver algo especial. Se siente algo místico en la pantalla. Algo desconocido pero fascinante. Algo que nos pegará y se nos quedará grabado en la mente por mucho tiempo. Y es que no se puede negar que lo que más pega al inicio de la verdadera trama es la cruda violencia. Pero es curioso como esa violencia se va convirtiendo en algo justificado en la película. Inclusive para quienes no son fanáticos de la violencia, quieren que haya sangre y justicia. Es la justicia poética que tanto nos fascina del cine de venganza. Kill Bill (en ambos volúmenes) nos presentaba un escenario ya ganado en el que vitoreábamos a la chica para que hiciera de las suyas. En Red Hill hay un cambio en la proyección de la victoria. Un cambio drástico pero necesario.

Red Hill es un western de pies a cabeza. Nos presenta una historia de un sheriff que ha llegado a una ciudad remota para ejercer un cargo no alto pero si representativo. En la víspera de su bienvenida, hecha por un jefe infame y por un pueblo que se ve extraño, recibe noticias de que un asesino en serie que cometió crímenes en el pueblo se ha escapado de la cárcel. El no sabe nada de la historia, pero al parecer parte del pueblo sí, por lo tanto se reúnen y se forma una especie de ejército para acabar con el asesino. Nunca hay algún diálogo para evitar la violencia. Parece que el miedo es lo que los lleva a tomar las decisiones con tanta firmeza. El joven sheriff ve esto y lo analiza. Y sin embargo los sigue. Es asignado a vigilar la entrada del pueblo. Unos protestan pero otros no. La razón es obvia pero no clara. Curiosamente es el sheriff quien primero tiene contacto con él. Lo que sigue de ahí es una sorpresa así que no puedo contarlo (mi descripción de la trama es demasiado mala pero nunca se cómo describir algo sin revelar mucho).

Red Hill emula el género western en su textura. Se siente ese aura. La trama no soporta ser manejada de otro estilo. Es un guión que podría ser filmado en cualquier época y el resultado sería el mismo. Hay una especie de hermetismo durante todo el cuento que aprecié en un 100%. No hizo falta una autoridad que diera rectitud. Creo que para la justicia no necesitamos esto. Y siempre la venganza personal es mucho más artística. Es eso lo que valoro de la película. Su capacidad de hacerme creer el cuento e hipnotizarme por unos minutos, utilizando una trama que no es original pero de la cual nunca nos cansamos.

En el aspecto técnico hay triunfo por todos lados. Los personajes se mueven entre planos largos construidos con una iluminación excepcional que debería ser tomada en cuenta para escenas nocturnas. El mérito es para su director quien utiliza al pueblo como un recurso. Es difícil imaginar que esto no fue filmado en un estudio porque es verdaderamente perfecto. Tan teatral que es casi artístico. La carencia del análisis de la razón es algo que es típico del western original; la razón siempre se consigue al final y ahí descansamos.

Hay un toque de experiencia que no se puede negar. Es un hito más para el cine australiano. Recomendada a un 100%. Espero puedan conseguirla.

Calificación: ****

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